Mis ovejas escuchan Mi Voz

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (10, 27-30)


En aquel tiempo, dijo Jesús:

«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.

Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre somos uno».

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO DE HOY


Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno. (Juan 10, 27-30)

San Pablo pregunta ¿quién nos separará del amor de Dios? (Rom 8, 35)

¿Quién osará tratar al menos de quitar lo que está en las manos del Padre?

Nada ni nadie puede separarnos de ese amor. Una vez se ha dado la escucha, el conocimiento y el seguimiento, el hombre o la mujer inundados de amor, de fe y de creencia en Dios experimentan la vida eterna y esta experiencia es tan fuerte que ayuda a perseverar en medio de las dificultades, a querer asemejarse a aquel que les ha llamado, a dar frutos de amor en definitiva.

¿Qué puede separarnos del amor de Dios cuando hay experiencia de Dios?

¿Quién puede persuadirnos con vanas razones cuando hay un vínculo de amor interpersonal con aquel que nos ha amado el primero?

La garantía de este permanecer está en Dios Padre que es más grande que todo y en cuyas manos estamos, guardados y amados por Él.

¡Qué gran esperanza y consuelo saber que estamos en las manos de Dios!

¡Qué triste la vida que no puede experimentar este gozo por falta de fe!

Finalmente, estar en las manos del Padre significa estar en las manos del Hijo, pues el Padre y el Hijo son uno solo.

Con relación a esto nos dice san Agustín: Escucha al mismo Hijo: Yo y el Padre somos uno. No dijo: “Yo soy el Padre”, ni “Yo y el Padre es uno mismo”. Sino que en la expresión “Yo y el Padre somos uno” hay que fijarse en las dos palabras “somos” y “uno”.

Porque si son uno entonces no son diversos, y si “somos”, entonces hay un Padre y un Hijo.

In Ioannis Evangelium 36,9

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.