Su Palabra No Pasará

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (13, 24-32)


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo el cielo.

Aprended de esta parábola de la higuera: cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros que esto sucede, sabed que él está cerca, a la puerta.

En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre».

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO

«El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán»

A las puertas de la celebración de Cristo Rey, con la que culmina el año litúrgico y empezamos un nuevo ciclo, en este caso, el ciclo C, la Iglesia nos propone meditar sobre la figura de Cristo como profeta.

El profeta en el antiguo Israel era una figura mediante la cual Dios hablaba a su pueblo, un hombre o mujer ungidos por el Espíritu Santo, capaces de discernir los signos de los tiempos y de escuchar con el entendimiento y el corazón la voluntad de Dios para Israel.

Los profetas no se anunciaban a sí mismos, sino que hablaban palabra de Dios.

Cristo es la culminación de la obra profética, sus palabras no pasarán, su profecía es definitiva, en contraste con la voz que en su tiempo se alzó, voz de tantos hombres y mujeres que hablaron de Dios al pueblo de Israel y de Israel a Dios.

Jesús no anuncia algo simplemente: Él es el anuncio definitivo, la Palabra de Dios hecha carne.

De ahí que antes pasen el cielo y la tierra que sus palabras.

Lo que Dios tenía para decir al hombre, lo ha dicho ya en la persona de su Hijo.

Hoy en día todo discernimiento profético está referido al anuncio del Verbo de Dios, a sus obras y palabras, no hay más revelación más allá de la dada en el Hijo, en la Palabra hecha carne.

La Iglesia en sus miembros, especialmente en el Magisterio y el episcopado, sigue denunciando la injusticia, sigue siendo signo de contradicción, continúa desvelando la voluntad de Dios para su pueblo y custodiando los tesoros legados por el Señor: todas sus enseñanzas.

Os deseo una feliz semana y que seáis también profetas en vuestros hogares.

Dios os bendiga.

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