Primera Comunión

¿EL ÚLTIMO AÑO DE CATEQUESIS?

Al comenzar este tercer año, me nace felicitaros por vuestra perseverancia. Pero también os digo que ya hay que “poner toda la carne en el asador”. El esfuerzo que habéis realizado se va a ver recompensado. Vuestros hijos van a comulgar.

Es el mayor tesoro que les podéis dar. Es lo más grande que la Iglesia les puede dar, a Jesucristo. La comunión les ayudará a ser mejores personas y mejores cristianos.

Es una etapa superada en su proceso de educación en la fe, en el que os comprometisteis como padres el día de su Bautismo. Pero no es la última etapa, ni la etapa final.

Vuestro compromiso continúa hasta que se confirmen y decidan por sí mismos si quieren seguir con la fe en la que vosotros le habéis iniciado. Ahí (y no antes) termina la iniciación cristiana. A partir de ese momento, la Iglesia los considera “adultos en la fe”. Pero hasta entonces, el camino continúa.

La Primera Comunión no puede ser la última; si es así, habremos tirado tres años a la basura. No hemos estado aquí tres años para preparar una sola celebración (eso podríamos haberlo hecho en una semana). Hemos invertido todo este tiempo y todo este esfuerzo para prepararles para que sean cristianos auténticos. Y la Eucaristía de cada domingo les ayudará a serlo, tanto a ellos, como a vosotros.

La parroquia os ofrece para el año que viene la Postcomunión, para poder continuar este proceso, y después os ofrecerá también la Confirmación (incluso para vosotros, si no la recibisteis en su momento).

Es una mirada a largo plazo, en perspectiva, para que no se nos quede el pensamiento sólo en el día de la Comunión. La Postcomunión es una manera divertida de continuar creciendo en su proceso de fe, con otro tipo de actividades más propicias para su edad.

La parroquia quiere seguir ayudándoos en la tarea de educar en la fe a vuestros hijos. Por eso os ofrecemos la Post, y también porque es una alternativa al tiempo libre pasado delante de la TV, los videojuegos, etc.

LO ESPECÍFICO DE ESTE TERCER AÑO.

¿Dónde hay que poner el acento este año? En la Eucaristía, en la Misa de los Domingos a las 12. En un doble sentido.

Ya sabéis que la Eucaristía es la mejor catequesis, porque es ahí donde van a recibir por primera vez a Jesús, donde se van a encontrar con Dios. Y ese encuentro les va a hacer mejores, porque Dios tiene la capacidad de sacar lo mejor de cada uno de nosotros, y de los niños también. Y porque “sin comer no se puede vivir” y “sin Misa no hay comunión”.

También es un momento donde ellos pueden veros y sentiros cerca. Es importante que participéis en la Eucaristía en familia, teniendo en cuenta que vuestros hijos, siempre que sea posible, deben ser acompañados por su papá y por su mamá en todas las decisiones importantes de su vida, y todo proceso que concluye con la confesión de la fe lo es.

Sé que algunos ya lo estáis haciendo, y a otros os pido el esfuerzo: ¡todos los domingos! Les estamos abriendo a la relación con Dios y eso les puede tocar el corazón. Si no estáis cerca, os lo vais a perder.

Si avivamos la luz de la fe en ellos y vosotros no protegéis esa luz, acabará por apagarse. Con naturalidad, sin presiones, como un momento de familia, asegurad vuestra presencia todos los domingos. Y que vengan también sus otros hermanos, sus padrinos, sus primos, los abuelos, los tíos… ¡Es la Misa de las familias!

También en este tercer año sigue siendo importante vuestra formación, como padres y como cristianos. Ya sabéis que “nadie da lo que no tiene, y no se adquiere sin esfuerzo y sin Dios”.

Si vais a transmitirles la fe a vuestros hijos, vuestra fe tiene que estar fuerte, preparada, formada. En muchos casos, la última vez que nos hablaron de la fe o de Dios fue el día de nuestra Comunión, o de nuestra Confirmación. Puede ser que tengamos la fe de un niño o niña de 9 años. Por eso es necesario actualizarla.