Pan de Vida Eterna

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6, 24- 35)


En aquel tiempo, cuando la gente vio que no estaban allí ni Jesús ni sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Lo encontraron al otro lado del lago, y le dijeron: “Maestro, ¿cuándo has venido aquí?”

Jesús les contestó: “Os aseguro que no me buscáis porque habéis visto milagros, sino porque habéis comido pan hasta hartaros. Procuráos no el alimento que pasa, sino el que dura para la vida eterna; el que os da el hijo del hombre, a quien Dios Padre acreditó con su sello.”

Le preguntaron: “¿Qué tenemos que hacer para trabajar como Dios quiere?.”

Jesús les respondió: “Lo que Dios quiere que hagáis es que creáis en el que él ha enviado.”

Le replicaron: “¿Qué milagros haces tú para que los veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo».”

Jesús les dijo: “Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo; mi Padre es el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.”

Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan.”

Jesús les dijo: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.”

Palabra del Señor.


COMENTARIO AL EVANGELIO

Vamos a seguir leyendo la Exhortación Apostólica Gaudete et exultate del papa Francisco.

Pan de Vida Eterna

29.     Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario.

Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios.

Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí no reina la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive.

¿Cómo no reconocer entonces que necesitamos detener esa carrera frenética para recuperar un espacio personal, a veces doloroso pero siempre fecundo, donde se entabla el diálogo sincero con Dios?

En algún momento tendremos que percibir de frente la propia verdad, para dejarla invadir por el Señor, y no siempre se logra esto si uno «no se ve al borde del abismo de la tentación más agobiante, si no siente el vértigo del precipicio del más desesperado abandono»

Papa Francisco
Exhortación Apostólica
Gaudete et exultate


¡Os deseo a todos un feliz Domingo y una excelente semana!

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