«Maestro, que pueda ver»

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (10, 46-52)


En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, un mendigo ciego, Bartimeo (el hijo de Timeo), estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:

«Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»

Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí».

Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo».

Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama».

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le contestó: «Rabbuni, que recobre la vista».

Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado».

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO

«Maestro, que pueda ver»

La curación del hijo de Timeo nos hace comprender hasta qué punto es grande la misericordia y el poder del Hijo de Dios que, haciéndose hombre y habiendo pasado haciendo el bien (Hch 10:38), es capaz de transforma nuestra existencia desde dentro.

Su grandeza se manifiesta al oír los gritos suplicantes del ciego, el suyo es un oído atento como cuando el Padre oía los lamentos de su pueblo esclavizado en Egipto (Éx 3:7ss), un hecho que nos muestra que Dios es capaz de compadecerse y más aún al haberse hecho semejante a nosotros en todo, menos en el pecado (Heb 4:15).

Dios es misericordia. Dios escucha a sus hijos y el Hijo de Dios nos lo enseña al mandar llamar a Bar-Timeo.

Su poder se manifiesta al devolver al ciego la vista, pero mucho más, al devolverle la dignidad que le sobrevino detrás del milagro.

Con esto aprendemos que Dios tiene poder y que mas allá de lo externo que podamos contemplar en un milagro, encontramos también y principalmente el perdón de los pecados, la grandeza de una dignidad, quizás pedida ya, y la salvación, fruto de una fe operativa que va en búsqueda de la fuente de vida.

«Señor, que vea» esa ha de ser nuestra oración, pero también, «Señor, que me acerque a la luz, que vaya en pos de ti, que te busque» porque Él se deja encontrar por quienes le buscan de todo corazón (Jr 29:13), pero, como dijo el Papa el pasado 6 de enero: “Jesús se deja encontrar por quien lo busca, pero para buscarlo hay que moverse”.

Os deseo una santa semana en familia y en el Señor.

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