Prender Fuego

Parroquia El Altet - Evangelio Domingo 18 de Agosto 2019

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12, 49-43)


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.

Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO

Son bastantes los cristianos que, profundamente arraigados en una situación de bienestar, tienden a considerar el cristianismo como una religión que, invariablemente, debe preocuparse de mantener la ley y el orden establecido.

Por eso, resulta tan extraño escuchar en boca de Jesús dichos que invitan, no al inmovilismo y conservadurismo, sino a la transformación profunda y radical de la sociedad: «He venido a prender fuego en el mundo y ojalá estuviera ya ardiendo… ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división».

No nos resulta fácil ver a Jesús como alguien que trae un fuego destinado a destruir tanta mentira, violencia e injusticia.

Un Espíritu capaz de transformar el mundo, de manera radical, aun a costa de enfrentar y dividir a las personas.

El creyente en Jesús no es una persona fatalista que se resigna ante la situación, buscando, por encima de todo, tranquilidad y falsa paz. No es un inmovilista que justifica el actual orden de cosas, sin trabajar con ánimo creador y solidario por un mundo mejor.

Tampoco es un rebelde que, movido por el resentimiento, echa abajo todo para asumir él mismo el lugar de aquellos a los que ha derribado.

El que ha entendido a Jesús actúa movido por la pasión y aspiración de colaborar en un cambio total.

El verdadero cristiano lleva la «revolución» en su corazón. Una revolución que no es «golpe de estado», cambio cualquiera de gobierno, insurrección o relevo político, sino búsqueda de una sociedad más justa.

El orden que, con frecuencia, defendemos, es todavía un desorden. Porque no hemos logrado dar de comer a todos los hambrientos, ni garantizar sus derechos a toda persona, ni siquiera eliminar las guerras o destruir las armas nucleares.

Necesitamos una revolución más profunda que las revoluciones económicas. Una revolución que transforme las conciencias de los hombres y de los pueblos.

H. Marcuse escribía que necesitamos un mundo «en el que la competencia, la lucha de los individuos unos contra otros, el engaño, la crueldad y la masacre ya no tengan razón de ser».

Quien sigue a Jesús, vive buscando ardientemente que el fuego encendido por él arda cada vez más en este mundo. Pero, antes que nada, se exige a sí mismo una transformación radical: «solo se pide a los cristianos que sean auténticos. Esta es verdaderamente la revolución» (E. Mounier).

José Antonio Pagola

Tengamos Nuestras Lámparas Siempre Encendidas

Parroquia El Altet - Evangelio Domingo 11 de Agosto 2019

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12, 32-48)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.

Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos.

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.

Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Pedro le dijo: «Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para que les reparta la ración de alimento a sus horas?

Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. En verdad os digo que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

Pero si aquel criado dijese para sus adentros: “Mi señor tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los criados y criadas, a comer y beber y emborracharse, vendrá el señor de ese criado el día que no espera y a la hora que no sabe y lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

El criado que conociendo la voluntad de su señor, no se prepara ni obra de acuerdo con su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que sin conocerla, ha hecho algo digno de azotes, recibirá menos.

Al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá».

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO


TENED CEÑIDAS LAS CINTURAS Y ENCENDIDAS LAS LÁMPARAS. VOSOTROS ESTAD COMO LOS HOMBRES QUE AGUARDAN A QUE SU SEÑOR VUELVA DE LA BODA, PARA ABRIRLE APENAS VENGA Y LLAME. (Lucas 12, 32-48)

La invitación a la vigilancia es una constante en la predicación no solo del Señor sino de los Apóstoles. La principal razón es que el enemigo anda como león rugiente buscando a quien devorar (1Pedro 5, 8), de ahí la exhortación a orar sin desfallecer y a tener fortaleza de fe.

¿Qué significa tener la cintura ceñida? Significa no bajar la guardia, estar alerta y preparado, como los judíos que se ceñían sus vestidos a la cintura antes de emprender un trabajo o un viaje. Así mismo, tener las lámparas encendidas indica que se está esperando a alguien, un estado de vigilia.

¿Cómo debe de ser esta vigilancia? El Señor nos pone luego dos comparaciones de cómo debe de ser esta vigilancia: como el criado que espera a su amo o como el dueño que espera el ladrón.

En ambos casos se sabe que el otro va a venir y que en ese encuentro se decide su futuro. Un aspecto interesante e impensable para la época, es el hecho de que el señor se ponga a servir al siervo que lo espera despierto, pero esta es la actitud de Cristo ante el que aguarda con amor a su venida.

¡Que tengáis todos una bendecida semana en El Señor!

Insensatez Total

Parroquia El Altet - Evangelio Domingo 4 de Agosto 2019

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (12, 13-21)

En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia».

Él le dijo: «Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre vosotros?».

Y les dijo: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes».

Y les propuso una parábola: «Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha.

Y empezó a echar cálculos, diciéndose: “¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha.”

Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.

Pero Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”

Así será el que atesora para sí y no es rico ante Dios».

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO DE ESTA SEMANA

Y les dijo: Mirad, guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. (Lucas 12, 13-21)

Las cosas de la tierra tienen un valor innegable, el problema no son las riquezas y las cosas materiales en sí mismas, el verdadero inconveniente llega cuando estas atrapan el corazón del hombre y hacen que este se plantee su existencia desde lo estrictamente material, cuando el tener se convierte en un fin último en sí mismo.

Al respecto, escribió Pablo VI: “El tener más, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el fin último. Todo crecimiento es ambivalente. Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra como en una prisión desde el momento en que se convierte en el bien supremo que le impide mirar más allá.” (Pablo VI, Populorum progressio, n. 19)

Esta visión más allá de los bienes atañe directamente al prójimo, el corazón corre el riesgo de volverse avaro, indolente e indiferente, seguro en lo material y alejado de la corresponsabilidad inherente a las relaciones humanas.

Por eso el Evangelio de hoy es una llamada a atesorar bienes para el reino de los cielos, hacernos ricos ante Dios y no atesorar bienes de este mundo, o como dice la segunda lectura: buscar los bienes de allá arriba, donde está Cristo.

Que el Señor nos ayude a apreciar en su justa medida nuestros bienes materiales e inmateriales y que seamos capaces de compartirlos con nuestros hermanos más necesitados.

¡Feliz verano!