CONTIGO HABLO, NIÑA, LEVÁNTATE.

Parroquia San Francisco de Asís - Evangelio Domingo 27 de Junio del 2021

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (5,21-43)


En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.”

Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente.

Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: “Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?”

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: “No temas; basta que tengas fe.” No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.

Entró y les dijo: “¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.”

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y dijo: “Talitha qumi” (que significa: “Contigo hablo, niña, levántate”).

La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor.


COMENTARIO AL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO

REZAR CON SINCERIDAD

No temas, basta que tengas fe.

Mucho antes de las investigaciones de Freud y del psicoanálisis, los grandes maestros de la vida espiritual habían advertido ya de las numerosas trampas en que puede caer la persona cuando reza a Dios.

Pero, sin duda, los análisis de Freud han sembrado una sospecha más radical: la oración más sencilla y aparentemente más sincera puede encerrar graves autoengaños y alimentar fantasías infantiles y neuróticas.

En el fondo, la cuestión es ésta: ¿Con quién está hablando realmente una persona cuando dice hablar con Dios? ¿Qué hace cuando se dirige a alguien a quien no se ve y que no contesta?

Por mucho que hable con Dios, ¿no está encerrada en su propio yo?

Para no pocos, la divulgación de esta «cultura de la sospecha» ha supuesto el derrumbe de su religión. Ya no aciertan a rezar. Todo les parece engaño y patología. No pueden y no quieren rezar. No se comunican con Dios. Su vida se va haciendo cada vez más atea.

Otros, por el contrario, es ahora cuando están purificando su religión de ilusiones infantiles poco sanas. Poco a poco van descubriendo un rostro nuevo de Dios. Hoy rezan de forma distinta. La fe comienza a ser para ellos el mejor estímulo para vivir de manera digna y esperanzada.

Lo primero es no confundir a Dios con cualquier cosa. Dios está más allá de nuestros sentimientos e ilusiones. No se identifica con las representaciones, símbolos o ritos creados por los hombres. El que reza no ha de caer en la trampa de «fabricarse» un Dios a su gusto y para su uso particular.

Dios, por otra parte, no es una especie de «seguro» fácil que protege de la dureza de la vida. Es una equivocación alimentar la ilusión de un Dios que está ahí, siempre a mano, ofreciendo soluciones mágicas a los problemas del ser humano. Dios no se deja poseer ni manejar como un objeto más de consumo.

Por otra parte, lejos de apartar de la realidad, la oración verdadera lleva a afrontar su dureza y, lo que es más importante, a empeñarse en su transformación.

Cuando una persona se va haciendo cada vez más huidiza ante los conflictos, más intolerante e intransigente con los otros, más encerrada en sus propios intereses y, en definitiva, más egoísta, su oración es puro «juego imaginativo».

Invocar al Padre es hacerse hermano. Rezar al Dios del evangelio conduce a vivir evangélicamente. Orar a un Dios Amor es disponerse a amar responsablemente.

Marcos nos describe en su relato dos reacciones muy diferentes ante la oración de Jairo, preocupado sólo por la salud de su hija. La de sus criados que le invitan a la resignación realista: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?» Y la de Jesús que le invita a la confianza total: «No temas; basta que tengas fe».

José Antonio Pagola

¿QUIÉN ES ÉSTE? ¡HASTA EL VIENTO Y LAS AGUAS LE OBEDECEN!

Parroquia San Francisco de Asís - Evangelio Domingo 20 de Junio del 2021

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (4,35-41)


Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla.”

Dejando a la gente, se lo llevaron en la barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua.

Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.

Lo despertaron, diciéndole: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: “¡Silencio, cállate!”

El viento cesó y vino una gran calma.

Él les dijo: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”

Se quedaron espantados y se decían unos a otros:

“¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!”

Palabra del Señor.


COMENTARIO AL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO

POR QUÉ TANTO MIEDO

La barca en la que van Jesús y sus discípulos se ve atrapada por una de aquellas tormentas imprevistas y furiosas que se levantan en el lago de Galilea al atardecer de algunos días de verano. Marcos describe el episodio para despertar la fe de las comunidades cristianas que viven momentos difíciles.

El relato no es una historia tranquilizante para consolarnos a los cristianos de hoy con la promesa de una protección divina que permita a la Iglesia pasear tranquila a través de la historia. Es la llamada decisiva de Jesús para hacer con él la travesía en tiempos difíciles: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”.

Marcos prepara la escena desde el principio. Nos dice que “era al atardecer”. Pronto caerán las tinieblas de la noche sobre el lago. Es Jesús quien toma la iniciativa de aquella extraña travesía: “Vamos a la otra orilla”. La expresión no es nada inocente. Les invita a pasar juntos, en la misma barca, hacia otro mundo, más allá de lo conocido: la región pagana de la Decápolis.

De pronto se levanta un fuerte huracán y las olas rompen contra la frágil embarcación inundándola de agua. La escena es patética: en la parte delantera, los discípulos luchando impotentes contra la tempestad; a popa, en un lugar algo más elevado, Jesús durmiendo tranquilamente sobre un cojín.

Aterrorizados, los discípulos despiertan a Jesús. No captan la confianza de Jesús en el Padre. Lo único que ven en él es una increíble falta de interés por ellos. Se les ve llenos de miedo y nerviosismo: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.

Jesús no se justifica. Se pone de pie y pronuncia una especie de exorcismo: el viento cesa de rugir y se hace una gran calma. Jesús aprovecha esa paz y silencio grandes para hacerles dos preguntas que hoy llegan hasta nosotros: “¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”.

¿Qué nos está sucediendo a los cristianos? ¿Por qué son tantos nuestros miedos para afrontar estos tiempos cruciales, y tan poca nuestra confianza en Jesús?

¿No es el miedo a hundirnos el que nos está bloqueando?

¿No es la búsqueda ciega de seguridad la que nos impide hacer una lectura lúcida, responsable y confiada de estos tiempos?

¿Por qué nos resistimos a ver que Dios está conduciendo a la Iglesia hacia un futuro más fiel a Jesús y su Evangelio?

¿Por qué buscamos seguridad en lo conocido y establecido en el pasado, y no escuchamos la llamada de Jesús a “pasar a la otra orilla” para sembrar humildemente su Buena Noticia en un mundo indiferente a Dios, pero tan necesitado de esperanza?

José Antonio Pagola.

ERA LA SEMILLA MÁS PEQUEÑA, PERO SE HACE MÁS ALTA QUE LAS DEMÁS HORTALIZAS

Parroquia San Francisco de Asís - Evangelio Domingo 13 de Junio del 2021

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (4,26-34)


En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.”

Dijo también: “¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.” Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Palabra del Señor.


COMENTARIO AL EVANGELIO DE ESTE DOMINGO

CON HUMILDAD Y CONFIANZA.

A Jesús le preocupaba que sus seguidores terminaran un día desalentados al ver que sus esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no obtenían el éxito esperado. ¿Olvidarían el reino de Dios? ¿Mantendrían su confianza en el Padre?

Lo más importante es que no olviden nunca cómo han de trabajar.

Con ejemplos tomados de la experiencia de los campesinos de Galilea les anima a trabajar siempre con realismo, con paciencia y con una confianza grande. No es posible abrir caminos al reino de Dios de cualquier manera. Se tienen que fijar en cómo trabaja él.

Lo primero que han de saber es que su tarea es sembrar, no cosechar. No vivirán pendientes de los resultados. No les ha de preocupar la eficacia ni el éxito inmediato. Su atención se centrará en sembrar bien el Evangelio. Los colaboradores de Jesús han de ser sembradores. Nada más.

Después de siglos de expansión religiosa y gran poder social, los cristianos hemos de recuperar en la Iglesia el gesto humilde del sembrador. Olvidar la lógica del cosechador, que sale siempre a recoger frutos, y entrar en la lógica paciente del que siembra un futuro mejor.

Los comienzos de toda siembra siempre son humildes. Más todavía si se trata de sembrar el proyecto de Dios en el ser humano. La fuerza del Evangelio no es nunca algo espectacular o clamoroso. Según Jesús, es como sembrar algo tan pequeño e insignificante como «un grano de mostaza», que germina secretamente en el corazón de las personas.

Por eso el Evangelio solo se puede sembrar con fe. Es lo que Jesús quiere hacerles ver con sus pequeñas parábolas. El proyecto de Dios de hacer un mundo más humano lleva dentro una fuerza salvadora y transformadora que ya no depende del sembrador. Cuando la Buena Noticia de ese Dios penetra en una persona o en un grupo humano, allí comienza a crecer algo que a nosotros nos desborda.

En la Iglesia no sabemos en estos momentos cómo actuar en esta situación nueva e inédita, en medio de una sociedad cada vez más indiferente y nihilista. Nadie tiene la receta. Nadie sabe exactamente lo que hay que hacer. Lo que necesitamos es buscar caminos nuevos con la humildad y la confianza de Jesús.

Tarde o temprano, los cristianos sentiremos la necesidad de volver a lo esencial. Descubriremos que solo la fuerza de Jesús puede regenerar la fe en la sociedad descristianizada de nuestros días. Entonces aprenderemos a sembrar con humildad el Evangelio como inicio de una fe renovada, no transmitida por nuestros esfuerzos pastorales, sino engendrada por él.

José Antonio Pagola.