Ganadores del Primer Premio ¡¡Felicidades a Todos!!

Felicidades Belenistas

Nuevamente nos podemos sentir orgullosos porque el Belén de nuestra parroquia ha sido reconocido con el Primer Premio en el Concurso de Belenes de este año.

¡Es como para sentirse muy orgullosos de verdad!

Desde la Parroquia de El Altet, y en nombre de todos los feligreses de nuestro querido pueblo queremos dar las gracias a Antoni Vicente, Javi, Piri, rita, María, Juanjo, Ana, Toñi, María, Mari Sol, Rocío, Lupe, Jose y a todos aquellos que, de una u otra forma, hicieron que todo esto fuera posible, después de muchísimas horas de trabajo, y esfuerzo.

¡Gracias por vuestra dedicación, por vuestro compromiso y por seguir compartiendo con todos nosotros la alegría de contar con un Belén tan precioso y que ha sido hecho con tanto cariño!

Una Familia Diferente

Parroquia El Altet - Evangelio 30 de Diciembre

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (2, 41- 52)


Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.

Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que se enteraran sus padres.

Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.

Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».

Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.

Su madre conservaba todas esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO

UNA FAMILIA DIFERENTE

Entre los católicos se defiende casi instintivamente el valor de la familia, pero no siempre nos detenemos a reflexionar el contenido concreto de un proyecto familiar, entendido y vivido desde el Evangelio. ¿Cómo sería una familia inspirada en Jesús?

La familia, según él, tiene su origen en el misterio del Creador, que atrae a la mujer y al varón a ser “una sola carne”, compartiendo su vida en una entrega mutua, animada por un amor libre y gratuito. Esto es lo primero y decisivo. Esta experiencia amorosa de los padres puede engendrar una familia sana.

Siguiendo la llamada profunda de su amor, los padres se convierten en fuente de vida nueva. Es su tarea más apasionante. La que puede dar una hondura y un horizonte nuevo a su amor. La que puede consolidar para siempre su obra creadora en el mundo.

Los hijos son un regalo y una responsabilidad. Un reto difícil y una satisfacción incomparable. La actuación de Jesús, defendiendo siempre a los pequeños y abrazando y bendiciendo a los niños, sugiere la actitud básica: cuidar la vida frágil de quienes comienzan la andadura por este mundo. Nadie les podrá ofrecer nada mejor.

Una familia cristiana trata de vivir una experiencia original en medio de la sociedad actual, indiferente y agnóstica: construir su hogar desde Jesús. “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Es Jesús quien alienta, sostiene y orienta la vida sana de la familia cristiana.

El hogar se convierte entonces en un espacio privilegiado para vivir las experiencias más básicas de la fe cristiana: la confianza en un Dios bueno, amigo del ser humano; la atracción por el estilo de vida de Jesús; el descubrimiento del proyecto de Dios, de construir un mundo más digno, justo y amable para todos. La lectura del Evangelio en familia es una experiencia decisiva.

En un hogar donde se vive a Jesús con fe sencilla, pero con pasión grande, crece una familia acogedora, sensible al sufrimiento de los más necesitados, donde se aprende a compartir y a comprometerse por un mundo más humano. Una familia que no se encierra solo en sus intereses sino que vive abierta a la familia humana.

Muchos padres viven hoy desbordados por diferentes problemas, y demasiado solos para enfrentarse a su tarea. ¿No podrían recibir una ayuda más concreta y eficaz desde las comunidades cristianas? A muchos padres creyentes les haría mucho bien encontrarse, compartir sus inquietudes y apoyarse mutuamente. No es evangélico exigirles tareas heroicas y desentendernos luego de sus luchas y desvelos.

José Antonio Pagola

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Parroquia El Altet - Evangelio 23 de Diciembre

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (1, 39-45)


En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a un a ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.

Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Palabra de Dios


COMENTARIO AL EVANGELIO

«Quien soy yo para que me visite la madre de mi Señor? (Lc 1,39-45)

María visita a su prima Isabel llevando en su vientre al Dios humanado, al Emmanuel esperado.

María es el Arca de la Nueva Alianza, su vientre es el primer sagrario donde realmente fue llevado y preservado el Fruto Bendito.

Ella es, pues, la misionera del Padre, la que llevando a Jesús hace que irradie Su luz de forma tan esplendente que Isabel se llena de gozo y salta la criatura en su vientre por la alegría del Rey de los cielos, del Omnipotente Dios hecho hombre.

El hecho de la Encarnación del Hijo de Dios sería ya suficiente para llenarnos nosotros también de alegría, pero no contento con ello quiso Dios presentarnos a la portadora de tal gozo, a la bendita entre las mujeres, y dárnosla como madre, como la vía a través de la cual nos sigue llegando la gracia.

No es posible dirigirse a María sin necesariamente remitirnos a tal misterio y, del mismo modo, la presencia del Hijo no se entiende sin él vientre desde el cual nos ha venido la vida.

Él se hace presente en el altar a través de María, la llena de gracia por quien nos sigue llegando todas las gracias, también la Gracia singular de su Hijo, del «Dios con nosotros».

Feliz semana