Nadie Tiene La Exclusividad De Jesús

Parroquia El Altet - Evangelio 30 de Septiembre

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (9, 38-43. 45. 47-48)


En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros».

Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar.

Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la “gehenna”, al fuego que no se apaga.

Y, si tu pie te hace pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la “gehenna.”

Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la “gehenna”, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga».

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO

Queridos hermanos:

La Palabra del Señor este domingo nos propone reflexionar sobre la tolerancia y la evitación del mal ejemplo, indicándonos la raíz de tales acciones que pueden poner en peligro la fe de los discípulos de Jesús.

El domingo pasado veíamos a los amigos de Jesús discutir sobre quién era el más grande. Jesús los pone en su sitio enseñándoles que el más grande es el que sirve y da la vida por sus hermanos, por los más pequeños.

Hoy se nos muestra la actitud preocupada por grandezas y prestigios, ya no sólo de algunos discípulos, sino del grupo: otros que “no son de los nuestros” están haciendo el bien en nombre de Jesús.

El Señor aprovecha esta vez para corregir el afán de sus discípulos por tener la exclusiva en su relación con el Maestro y nos exhorta también a nosotros a tener cuidado con la exclusión sectaria y la pretensión monopolizadora que están a la puerta de la vida de los cristianos como tentaciones reales que estamos llamado a evitar, pues son actitudes extrañas al espíritu de Jesús.

Si alguien defiende una causa noble, el cristiano ha de acoger, promover y apoyar dicha causa, aunque quien la emprenda no participe de nuestra confesión, pues si el Señor no niega a estas buenas obras su recompensa, ¿cómo vamos a negar nuestra acogida humana?

Al hilo de la acogida a “los pequeños”, el Señor se muestra severo con el mal ejemplo de sus discípulos, esto es, con el escándalo, que implica obstaculizar, hacer difícil la adhesión de los hermanos a Cristo, poner en peligro esta relación o destruir el vínculo de fe establecido.

La raíz de este mal radica en el afán de dominio simbolizado en las manos y los pies; o en la ambición insaciable y egoísta, simbolizada en los ojos.

Cuidado, pues, hermanos, con el mal ejemplo, tanto en el obrar (o no obrar cuando se deba) y en nuestras palabras.

Que este sea nuestra respuesta a la Palabra de Dios y compromiso para esta semana.

Dios os bendiga.

¿Por Qué Lo Olvidamos?

Parroquia El Altet - Evangelio 23 de Septiembre

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (9, 30-37)


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.

Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará».

Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?».

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO

En el evangelio de este domingo se relata el segundo anuncio de la Pasión del Señor. Él quiere esta vez instruir a sus amigos, dedicar un tiempo exclusivo para ello, de ahí que quiera pasar inadvertido por Galilea.

El anuncio que hace esta vez de su Pasión es claro y contundente: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.»

Ante esta claridad, nos asombra la dureza de entendimiento de los apóstoles y en su miedo a preguntar a Jesús lo que no entendían, constatamos una falta de fe sólida, ya que “No hay temor en el amor; sino que el amor perfecto expulsa el temor” (1 Juan 4, 18) y es que únicamente podemos entender las verdades de fe ayudados por la gracia de Dios.

Después del anuncio, Jesús aprovecha la discusión mantenida por sus discípulos acerca de orgullo, grandeza y poder y les enseña la gran lección que como Iglesia hemos de tener siempre presente: la verdadera grandeza reside en aquel que está dispuesto a servir, que se interesa por el prójimo, que pone a trabajar la dinámica de un amor afectivo y efectivo en el mundo.

El ejemplo más grande de esta dinámica de grandeza la encontramos en Él, “el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre, y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.” (Filipenses 2, 6-8)

El ejemplo del niño no ha de ser visto solo desde la humildad y la inocencia que éstos representan, sino que hemos de verlo como el signo de aquellos que no cuentan, que no tienen un estatus legal, que son excluidos, a los pequeños, a quienes Él vino a servir y no a ser servido (Mateo 20, 28) y quien recibe a un niño (talya – siervo o niño) a Él lo recibe.

Así pues, Jesús nos enseña cómo ejercer la autoridad en nuestras familias, con los trabajadores que tengamos a nuestro cargo, en las instituciones, en la Iglesia… no como quien domina o busca grandezas personales, sino como quien sirve.

Que el Señor nos ayude a lograrlo.

Un feliz domingo y una bella y bendecida semana para todos.

Tomar en serio a Jesús

Parroquia El Altet - Evangelio 16 de Septiembre

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (8, 27-35)


En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?»

Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas».

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»

Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.»

Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.

Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».

Y llamando a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. ç

Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma».

Palabra del Señor


COMENTARIO AL EVANGELIO

EL MESÍAS, EL HIJO DEL HOMBRE

San Marcos nos presenta a Jesús de camino a Jerusalén desde Cesarea de Filipo. Es normal que ante las palabras salidas de sus labios, que ilustran sus obras, y ante las obras en consonancia total con sus palabras (DV 2.) la gente se preguntara ¿quién es este?

Uno de los grandes hechos que se nos ha sido narrado en días pasados es el de la multiplicación de los panes y de los peces. Ante este hecho, la pregunta adquirió un matiz mucho más apremiante y que lleva a Pedro a dar una respuesta exacta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»

Pedro le contestó: – «Tú eres el Mesías.»

El término “Mesías” designa en la tradición bíblica al enviado de Dios definitivo, aquel que libraría a su pueblo del yugo opresor.

Jesús no niega ser el profeta esperado, tampoco ser el Mesías, aunque, para evitar que su misión sea confundida con las características triunfalistas, teñidas de tintes políticos y nacionalistas, ordena a los suyos mantener el secreto de su identidad y les revela la verdadera naturaleza de su mesianismo: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.»

Lo que dice de su destino, nos recuerda la narración del Siervo Sufriente que nos presenta el profeta Isaías (Is 53). Jesús prefiere utilizar el término “Hijo del hombre” que en la tradición bíblica (Ezequiel y Daniel, principalmente) describe, en general, a quien pertenece a la humanidad.

En este sentido, Jesús nos desvela que en Él, verdadero Dios y verdadero hombre, se da una tensión temporal entre lo eterno y lo caduco; entre lo fuerte y lo débil; entre todo lo que es Dios y todo lo que es ser hombre. De ahí que su misión y su ser no se puedan separar.

No es de extrañar que ante esta paradójica revelación de su destino como Mesías e Hijo del hombre, Pedro tome una actitud por la que se adelanta al Maestro y pretende disuadirlo de su destino: la Cruz. De ahí que de modo contundente el Señor lo devuelva a su puesto, al puesto del discípulo, pues “ningún discípulo está por encima de su Maestro” (Mt 10, 24).

Esta actitud de Pedro, tan humana, es también la de aquellos que tienen dificultad para comprender y aceptar integrando en su historia aquello que les desagrada.

La aversión puede hacernos reaccionar de modos distintos, muchos de los cuales se convierten en obstáculo para el cumplimiento de nuestra misión.

La vida cristiana es paradójica: para ser el primero, hay que ser el último; para tenerlo todo, hay que despojarse de todo; para recibir el perdón hay que rezar por los enemigos; para que Él crezca en nosotros, hay que menguar…

Del mismo modo, paradójico fue el camino del Hijo del hombre, su vida, sus obras, su misión. La realidad siempre es más compleja de lo que a simple vista alcanzamos a ver, de ahí que el cargar con la cruz día a día, sea la mejor disposición del discípulo en el seguimiento de su Señor.

¡Os deseo a todos un feliz Domingo y una excelente semana!.