Amarás al prójimo como a ti mismo

Parroquia El Altet - Evangelio 28 de Octubre 2017

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22, 34-40


En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».

Él le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.

Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

En estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas».

Palabra del Señor.


COMENTARIO AL EVANGELIO

Los judíos tenían una gran cantidad de normas y de preceptos que era conocida como la Ley de Moisés. Dentro de esta ley estaban los diez mandamientos, pero no eran los únicos.

Había cientos de preceptos que regulaban todo, desde cómo celebrar las fiestas, la vida ordinaria en el hogar, el trabajo, las relaciones sociales…

En el Evangelio de este Domingo escuchamos cómo a Jesús le vuelven a proponer una pregunta trampa: un fariseo le pregunta cuál es el mandamiento principal de la ley. Es una pregunta trampa, pues los fariseos consideraban que no había un mandamiento más importante que otro.

Para ellos, todos los mandamientos, hasta el más insignificante, era tan importante como los demás, y tenía que ser cumplido con el mismo rigor.

Pero Jesús no tiene miedo a dar una respuesta: el mandamiento más importante es este: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.

Así estaba escrito en la Sagrada Escritura. Este es el mandamiento principal y primero.

Pero a continuación Jesús propone un segundo mandamiento que es igual de importante que el primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En estos dos mandamientos se resume toda la ley, los profetas y toda la Escritura.

Esto es lo primero que hemos de buscar en nuestra vida, lo más importante que hemos de cumplir.

Podríamos decir que la vida cristiana consiste principalmente en esto. De ahí vienen todas las demás consecuencias.

Hoy podemos preguntarnos: ¿cómo vivo este amor que hoy Dios me pide? ¿Mi amor a Dios es fuerte, con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente?

A Dios no se le puede amar en abstracto, a Dios se le ama de verdad. Y, ¿cómo es mi amor al prójimo?

Os deseo a todos un feliz Domingo y una buena semana.

Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.

Parroquia El Altet - Evangelio 22 de Octubre 2017

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22, 15-21


En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?».

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».

Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».

Le respondieron: «Del César».

Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Palabra del Señor.


COMENTARIO AL EVANGELIO

“Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.

Esta frase de Jesús en el Evangelio de este Domingo la hemos escuchado muchas veces, sobre todo de boca de aquellos que quieren apartar la fe de la vida pública, que quieren relegar la religión a lo privado, y no aceptan que la Iglesia tenga también una palabra sobre lo que sucede en nuestro mundo, las relaciones sociales o incluso sobre la política o las leyes.

Sin embargo, muchos de los que usan esta expresión no conocen verdaderamente su significado, y seguramente no conocen ni tan siquiera que esta frase es del Evangelio y que la pronunció el mismo Jesús.

Dar al César lo que es del César significa cumplir con las leyes, con nuestras obligaciones y compromisos con la sociedad, con nuestro mundo. El denario, la moneda con la que los judíos pagaban los impuestos a los romanos, llevaba la imagen del César, y por eso había que pagar los impuestos cumpliendo con nuestras obligaciones.

Dar al César lo que es del César significa reconocer que somos súbditos del César, que nos debemos a él en lo que atañe a las obligaciones civiles.

Pero no hay que olvidar la segunda parte. Dar a Dios lo que es de Dios nos lleva a recordar que cada uno de nosotros, creados a imagen y semejanza de Dios como relata el libro del Génesis, llevamos en nosotros mismos la imagen misma de Dios.

Por tanto, somos también, y sobre todo, súbditos de Dios, nos debemos a Él que es quien nos ha creado, quien nos ha salvado. Dar a Dios lo que es de Dios significa reconocer que pertenecemos a Dios, que somos suyos, llevamos en nosotros su imagen.

La llamada de Jesús este Domingo es por un lado a cumplir con nuestra obligaciones hacia la sociedad y hacia nuestro mundo, dando al César lo que es del César, pero sin olvidar nuestra pertenencia a Dios, pues llevamos en nosotros su imagen, somos suyos.

Os deseo a todos un feliz Domingo y una buena semana.

El Banquete está servido. Estáis todos invitados.

Parroquia El Altet - Evangelio 15 de Octubre 2017

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 22, 1-14


En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.

Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos».

Palabra del Señor.


COMENTARIO AL EVANGELIO

El Evangelio de hoy nos habla de una fiesta. Un rey que organiza las bodas de su hijo. Eso sí que debía ser una auténtica fiesta. Pero resulta que los invitados no quieren ir. El primer inconveniente. Desprecian el banquete preparado por el rey. Tanto que el rey decide buscar otros invitados.

Y vienen. Claro que sí.

La gente no desprecia un banquete ni una fiesta. Es la expresión de la alegría y el gozo, de la abundancia y la plenitud. Lo que nos sorprende es la actitud final del rey. ¿Por qué echa a ese invitado que se había olvidado de llevar un traje adecuado?

Esto que hoy nos relata el Evangelio es una parábola de Jesús. Se supone que el rey es Dios que invita a todos los hombres y mujeres a su banquete. Entendemos que se queden fuera los que no quieren ir, los que expresamente rechaza la invitación.

Pero, ¿cómo es posible que Dios eche a alguien? ¿No está eso en contra de esa imagen de Dios Padre que acoge a todos y perdona todo?

La verdad es que Dios no echa a nadie. No expulsa a nadie. Somos nosotros los que no entramos de verdad en la fiesta. Cuando ponemos cara de pocos amigos, cuando no vivimos los mandamientos, cuando no hacemos aquello que Dios quiere de nosotros, somos nosotros mismos los que nos excluimos de la fiesta.

No vamos preparados como conviene al banquete que Dios nos ha preparado.

En nuestras manos está el entrar a participar en el banquete de la vida al que Dios nos invita. Pero tenemos que saber vestirnos para la ocasión.

La fraternidad, la justicia, la caridad, el cumplir los mandamientos, el estar en gracia de Dios, son las ropas que nos adornarán y que harán la fiesta posible. No vaya a ser que le agüemos la fiesta a Dios y a nuestros hermanos.

Os deseo a todos un feliz Domingo y una buena semana.